Empezamos esta sección con una invitada de lujo,  Babs.
Babs actualmente mantiene La Columna de los Viernes , su blog personal.

Disconforme

Estaba en el colectivo, el 132, con la mochila pesadísima entre las piernas, en el piso, llena de libros, apuntes y escritos. Estaba en el 132 y pensaba que no podía dejar de pensar ni por un segundo en la mochila pesadísima ubicada en el piso, entre mis piernas, y en sus contenidos. Pensaba que no debía dejar de pensar, ni por un segundo, en ella porque sería víctima de un robo en aquel 132 lleno de gente que sale de su trabajo en el centro y se va a Miserere a tomar el tren para llegar a la casa o, tal vez, sigue para Caballito y lo toma ahí o más tarde en Liniers o, como yo, va a la facultad. Por un instante, olvidé que no debía dejar de pensar y sentí un tirón en la pierna. Era un calambre, bien, bien. No vaya a ser que me roben la mochila llena de libros, apuntes y escritos. Estaba en el 132, con la mochila entre las piernas -la derecha acalambrada, eléctrica- y una idea en la cabeza: proteger la mochila. Proteger a aquella mochila en particular sería el equivalente a proteger mi laburo, mi capital simbólico y mi futuro académico.Pensé en mi billetera vacía, nada había que resguardar en lo que respecta a mi economía personal, pero llevaba esa foto en una de las solapas. Si ella veía que no la tenía… ¡Zás! Adiós, relación de cuatro años. Estaba en el 132, con la mochila entre las piernas, la mágica portadora de mi vida académica, laboral, cultural y amorosa, con una única idea en mi cabeza: nadie debe tocar esta mochila. Nadie debe alterar mi vida. Nadie tiene derecho a llevarse esto, por lo que tanto luché. ¿O acaso el pibe de al lado, que mira nerviosamente por la ventanilla cada vez que el colectivo frena, estuvo tres meses intentando conseguir una miserable salida al cine con Lucía? No, señor, me la gané. Si me roba la foto, me la arrebata. Pelee como hombre, no se meta con mi mochila.

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